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Reseñas de
proyectos
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Prevención de alcoholismo y drogadicción

A través del programa Experiencias para Vivir y
Convivir la Fundación Mentor, con el apoyo del Fondo para la Acción
Ambiental y la Niñez, trabaja el tema de prevención de consumo de
sustancias psicoactivas en niños de cinco a trece años.
Hace un par de semanas un estudio realizado por el Ministerio de
Protección Social y la Embajada de Estados Unidos reveló que
Colombia ya no es sólo un país productor de drogas sino que se
convirtió en un país consumidor. Según el informe, entre el nueve y
el diez por ciento de los estudiantes de colegios públicos y
privados utilizan drogas ilícitas. La edad promedio de iniciación es
a los once años y las sustancias más apetecidas son la marihuana,
la cocaína y el éxtasis.
Los hallazgos son preocupantes ya que manifiestan el riesgo latente
que corren miles de jóvenes que están expuestos al consumo de
sustancias psicoactivas sin que sus padres y maestros se den cuenta
de ello. El aumento del consumo descubre otra realidad alarmante y
es la poca incidencia que han tenido hasta el momento las campañas
en contra del uso de drogas. El mensaje no está llegando como
debiera y en parte la falla obedece a que la información se limita a
describir los efectos nocivos que generan las sustancias ilícitas en
los aspectos físico, psicológico, emocional, familiar, económico y
social sin detenerse a pensar en las razones que conducen al
consumo. Durante mucho tiempo se ha creído que la prohibición es
suficiente para mantener a los jóvenes a salvo de las drogas pero lo
cierto es que esta problemática es mucho más compleja y no se
soluciona con un simple No.
De ahí la importancia de resaltar la labor que viene realizando la
Fundación Mentor a través del Programa Experiencias para Vivir y
Convivir. Esta iniciativa trabaja con niños de cinco a trece años de
colegios públicos y privados en la prevención del consumo de
sustancias psicoactivas mediante el fortalecimiento de competencias
para la vida. El programa arrancó en 2003 en Bogotá, Manizales y
Bucaramanga donde fue bien acogido por maestros, instituciones
educativas, padres de familia y, especialmente por los niños, lo
que motivó a la Fundación Mentor a gestionar nuevos recursos para su
ampliación. El financiamiento se logró gracias al apoyo del Fondo
para la Acción Ambiental y la Niñez durante la convocatoria de
proyectos de infancia.
“Prevenir
es anticiparse a un hecho. Es importante que trabajemos con los
jóvenes desde lo que son y los construyamos como seres responsables.
Porque no es sólo el consumo de drogas, es toda la cantidad de
problemáticas que hay relacionadas.”, afirma Angélica Rodríguez,
directora técnica de Mentor, quien hizo énfasis en los propósitos
del programa: “Este es un proceso que parte de lo personal.
Lograr hacer prevención es hacer niños mucho más solidarios,
respetuosos de los demás, que se conozcan a sí mismos y sus
potencialidades. Que aprendan a solucionar sus conflictos, que
puedan ponerse en escena y fantasear y pensar si me fumo este
cigarrillo que me va a pasar. Si yo le digo a un niño que valore el
silencio le estoy dando la posibilidad de que se piense a sí mismo y
en un momento dado en una situación de riesgo pueda tomar una
decisión más sensata y consciente”.
El programa utiliza una metodología de cascada que busca llevar la
información desde el nivel superior hasta las instancias más bajas.
Durante la primera etapa el equipo de la Fundación realiza la
capacitación de los multiplicadores que son personas vinculadas a
las instituciones educativas seleccionadas bien sea como
orientadores escolares, psicólogos o directores de grupo a quienes
se les explica el funcionamiento del programa. Ellos a su vez
deberán replicar lo aprendido en sus propias escuelas y motivar a
los profesores para que incluyan el programa dentro de sus
actividades pedagógicas con los alumnos de transición a quinto de
primaria. La iniciativa parte de un sentido lúdico donde a través
del juego el maestro pretende despertar el interés de los niños y
niñas para que tomen conciencia de lo que está pasando en su
entorno, se respeten, aprendan a quererse a sí mismos y con el
tiempo puedan construir un proyecto de vida a largo plazo.
“El
material consta de una cartilla para cada grado, de transición a
quinto de primaria. El material se le da al maestro y él lo trabaja
con sus niños. Nosotros le estamos haciendo seguimiento durante todo
el año tanto al multiplicador como al maestro. Vamos personalmente
a las instituciones y hablamos con los niños. Al final ellos son los
que nutren el proceso”, apunta Angélica quien reconoce la
importancia de trabajar con profesores motivados que creen
firmemente en las bondades del programa: “Es un proceso de estar
mirándose todo el tiempo. No queremos que trabajen el programa por
pasar el rato, que el niño abra la cartilla y coloree el muñequito
porque es bonito. Lo que nosotros queremos promover es una cultura
de la prevención y eso no se hace solamente desde los niños sino
desde toda la dinámica de la institución educativa”.
Aunque algunos maestros pueden sentirse agobiados por la cantidad de
proyectos que se presentan a las escuelas para trabajar temas
diversos como medio ambiente, sexualidad, ciudadanía, etc., la
ventaja del programa de Experiencias para Vivir y Convivir es que al
estar basado en un sistema de competencias se puede adaptar a los
contenidos de distintas materias y se convierte en una herramienta
útil para trabajar en asignaturas como ciencias, lenguaje o
convivencia. El programa se desarrolla en 51 colegios (siete de los
cuales lo han incluido dentro de su Proyecto Educativo
Institucional -PEI-) y se han capacitado 870 profesores quienes han
encontrado una nueva manera de acercarse a sus alumnos y conocer las
problemáticas que los aquejan. Así lo expresa Liliana Amparo Sierra,
coordinadora del proyecto, quien ha escuchado historias conmovedoras
de los profesores: “En Bucaramanga fui a un colegio que está en
una zona muy difícil y una profesora de transición me dijo que el
programa era maravilloso pero me confesó que luego de realizar una
actividad había chillado como una niña chiquita. La razón es que
hay una actividad llamada el balón mágico en la que cada niño tiene
que contarle al balón su sueño. Uno puede pensar que los sueños de
los niños son tener una bicicleta o ser cantante pero a ella le
ocurrió que los sueños de los niños eran: yo no quiero que mi papá
tome más trago, yo quiero que mi mamá no llore cuando mi papá le
pega. Al oír eso la profesora se derrumbó”
.

La dinámica de las actividades es flexible y esto ha favorecido la
aplicación del programa en escenarios complejos como las aulas
rurales y las clases donde estudian niños no oyentes o con
dificultades de atención. La respuesta ha sido positiva al punto que
los niños han comenzado a interactuar con sus pares de otras
escuelas en las distintas ciudades donde está el programa a través
de cartas donde comparten sus experiencias. Como complemento al
trabajo con los estudiantes los profesores desarrollan actividades
con los padres y los involucran en el proceso de prevención ya que
esta tarea se debe abordar conjuntamente desde la escuela y el
hogar.
“Estos
programas no son fáciles de medir en un año. Tu no puedes decir que
en un año a un niño de transición ya le metiste en la cabeza que no
va a consumir drogas o sustancias legales como alcohol y cigarrillo”
– concluye Angélica- “esto significa un trabajo constante y medir
el impacto cuando el niño ya esté enfrentado a una situación de
riesgo. Consideramos que estamos recorriendo un camino interesante e
importante porque la edad de consumo se ha venido bajando. El reto
grande que tenemos es poder mantener el programa y hacer una
evaluación a largo plazo.”
Mayor información
Fundación Mentor
www.mentorcolombia.org
Tel: 3466855
3456291
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