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Gestión ambiental en el humedal Juan Amarillo

Alegría Fonseca, directora de la Fundación Alma, reflexiona sobre el éxito del proyecto de educación ambiental Aula Amarilla en el humedal Juan Amarillo y señala la importancia de financiar segundas partes.

El humedal Juan Amarillo- conocido también como humedal de Tibabuyes- es el remanente de un gran lago que se extendía por la sabana de Bogotá hace cientos de años y hoy constituye uno de los ecosistemas más importantes de la capital por sus recursos hídricos. Este cuerpo de agua se extiende sobre 220 hectáreas y su ancho varía entre 400 y 700 metros lo que lo convierte en el humedal más grande de la ciudad. Es hábitat natural de una amplia variedad de plantas acuáticas, mamíferos, anfibios, reptiles, peces, invertebrados y  42 especies de aves tanto nativas como migratorias.

Con el crecimiento de la ciudad a partir de los años sesenta las antiguas haciendas de las localidades de Suba y Engativá, que rodeaban el humedal, se parcelaron y se dio paso a un acelerado proceso de urbanización que repercutió en el deterioro ambiental de la zona. Las construcciones y obras públicas (desviación del cause del río Juan Amarillo) afectaron el humedal provocando la pérdida de agua, el aumento de la sedimentación y la proliferación de vegetación lacustre y pastizales.

A la par de los nuevos barrios fueron surgiendo asentamientos subnormales, carentes de servicio de alcantarillado, que encontraron en los canales artificiales una manera de evacuar sus aguas residuales directamente al humedal, el cual se fue transformando poco a poco en un botadero de basura.

Si bien la administración distrital ha realizado programas de saneamiento ambiental para recuperar esta importante fuente hídrica,  todavía hay mucho trabajo por hacer con las comunidades ya que es preciso motivarlas para que desarrollen un sentimiento de responsabilidad y apropiación del humedal.  

Una de las organizaciones más comprometidas con esta tarea es la Fundación Alma que lleva más de veinte años realizando proyectos de educación ambiental y conservación de cuencas hidrográficas. Esta experiencia se hizo evidente en la ejecución del proyecto Educación Ambiental Participativa en el Humedal Juan Amarillo Aula Amarilla, iniciativa que contó con el apoyo del Fondo para la Acción Ambiental y la Niñez.

El propósito de la fundación era involucrar a la comunidad en la gestión ambiental participativa para garantizar la recuperación, conservación y sostenibilidad del humedal Juan Amarillo. Para lograr este objetivo se diseñó el Diplomado Aula Amarilla, un proceso educativo  orientado a  sensibilizar y educar  a la comunidad educativa y a la población residente sobre  la problemática del humedal.

El proyecto era hacer un diplomado de educación ambiental para maestros y para la comunidad. Sacamos cien alumnos entre profesores y gestores de la comunidad. El éxito  fue muy grande porque cada uno de los diplomados tenía que sacar diez núcleos amarillos para completar mil. Los núcleos eran diez personas que trabajaban en proyectos ambientales y se quedaban implantados en la zona. El proyecto fue tan bueno que se completaron 11.000 núcleos”, señala Alegría Fonseca, directora de la Fundación Alma.

Además de la preparación académica,  los asistentes al diplomado recibieron una cartilla didáctica con talleres y actividades lúdicas para realizar con los estudiantes. Las historias, experiencias y actividades eran protagonizadas por animales propios del humedal como la garza, la comadreja, la libélula, la rata y la rana los cuales explicaban la importancia de la fuente hídrica en un lenguaje sencillo y entretenido.

La gente sabía que era un humedal pero lo veían más como un botadero de basura. Nos tocó hacer un trabajo para que la gente cambiara la opinión y se diera cuenta que no era un charco sucio.  Cuando llegamos había ratas y delincuentes. Nosotros mandamos un grupo de voluntarios para que hicieran un barrido por todas las zonas. Fueron descartando hasta que reunieron a la mejor gente del sitio y la matricularon en el diplomado. Lo que hicimos allá fue un modelo ecológico”, afirma Alegría quien resalta el tesón del equipo de la Fundación que, a pesar de las dificultades,  siguió adelante con el proyecto.

Luego de quince meses de ejecución fue posible formar a 37 intérpretes de gestión ambiental, capacitar a 57 docentes en interpretación y gestión ambiental y habilitar a 94 intérpretes ambientales formados en la problemática ambiental y con capacidad de gestionar proyectos pedagógicos ambientales e interactuar con representantes de entidades públicas, Ongs, y líderes comunitarios.

“Nosotros logramos unificar  Ongs  y colegios. La gente llevó sus proyectos así que fuimos coordinadores y articuladores. La gente conoció lo que estaban haciendo los otros. También fuimos articuladores de las jornadas de los colegios e incluso de las materias para que la ecología no quedara sólo en las ciencias naturales.  Fue un trabajo arduo. Uno logra articular a la gente sabiendo que están haciendo los otros y cómo nos unimos para que, entre todos, hagamos algo por el sitio en el que estamos”-  apunta Alegría quien es una convencida del trabajo comunitario en favor de la conservación del medio ambiente-  “Lo primero es que la gente se posesione de su entorno y sepa lo que tiene a su alrededor. Saber cómo proceder para conservarlo y finalmente meterlo dentro de la tesis de la renovabilidad de los ecosistemas, como funciona la naturaleza, como podemos interactuar con el medio natural. La gente  tiene que apreciar el recurso hídrico y,  si algo está mal, pensar qué se puede hacer para mejorarlo. Mejor dicho…hasta qué punto somos culpables de que esté mal, qué podemos hacer para no botar basura y para no descomponer el humedal. Uno lo encuentra mal y lo ensucia más cuando debería ser al contrario”.

El proyecto culminó exitosamente en 2004 al superar las expectativas que se habían planteado al comienzo. Los ejecutores de la Fundación Alma, sin embargo, recalcan  la importancia de apoyar financieramente las segundas fases de los proyectos para continuar las tareas implementadas y evitar que se pierda el entusiasmo de las comunidades sobretodo en zonas donde el tejido social no es tan fuerte. En el caso de Aula Amarilla la gente que participó en la iniciativa quedó formada pero hacen falta estrategias complementarias que sigan un proceso de acompañamiento a la gestión de los proyectos que los multiplicadores diseñan.

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FUNDACIÓN ALMA

Alegría Fonseca

almafun8@hotmail.com

 
Fondo para la Acción Ambiental y la Niñez