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Reseñas de
proyectos
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Desarrollo
psicosocial y mejoramiento de la calidad de la educación.

Los expertos han concluido que
la educación que recibe un niño o niña afecta de manera
significativa su desarrollo. Sin embargo, a menudo la escuela se
centra en la transmisión de conocimiento, no siempre con prácticas
pedagógicas ni recursos apropiados. En muchos casos se olvida que el
niño y la niña son sujetos integrales, minimizando su estado
emocional, sus sentimientos y los problemas familiares que afectan
sus posibilidades de aprender, de adquirir habilidades y valores
para relacionarse adecuadamente consigo mismo y con los demás. Esto
afecta su integración adecuada al ámbito escolar y su posibilidad
de construir con sus pares relaciones armónicas y satisfactorias.
Otros hallazgos indican que el
ajuste social y académico está influenciado por variables presentes
en los diversos contextos en que se desenvuelven los niños (la
familia, la escuela o el vecindario, por ejemplo), los cuales, de
manera ideal, pueden ser intervenidos simultáneamente.
En 10 planteles de educación
básica rural del municipio de Chachaguí, departamento de Nariño, se
identificaron problemáticas que incidían negativamente en el
desarrollo infantil, en las capacidades de aprendizaje y en el
ajuste social de los estudiantes, tal es el caso de dificultades en
las relaciones sociales, convivencia escolar, autoestima,
agresividad y aspectos del contexto ambiental.
Como respuesta a lo anterior la
Corporación Futuro Popular con el apoyo del Fondo para la Acción
Ambiental y la Niñez, desarrolló una iniciativa orientada por el
enfoque sistémico que incluyó acciones con 350 niños y niñas, en el
ámbito escolar, y con 200 padres de familia con efectos en 15
docentes. Esta iniciativa integral articuló tres ejes durante toda
la ejecución de las acciones educativas.
Uno de los retos del proyecto
consistía en aportar a los niños y niñas herramientas para construir
una mejor relación consigo mismo, con el otro y con su medio, lo
cual estaba limitado, entre otras variables, por problemas de
autoestima. Al respecto la psicóloga Delia Rosero, directora del
proyecto, señaló: “la autoestima es una de las categorías
psicológicas que más sostiene la vida sana y el equilibrio
socioemocional de las personas, ésta se adquiere a través de la
estimulación permanente y acogida, de expresión de sentimientos y
reconocimiento de las cualidades que tienen todas las personas.
Teniendo esta consideración en este proyecto se introdujeron
acciones que favorecieran el desarrollo de la atención, el
desarrollo físico y mental desde el ámbito escolar, vinculando a los
padres y a los maestros en este proceso”.
En el proyecto se utilizó la
metodología Aprender a Enseñar basada en el diálogo cultural que
propició la participación de los niños, las familias y otros actores
de la comunidad educativa. Para el equipo ejecutor de esta
propuesta, “esta metodología permitió la reflexión sobre diferentes
problemáticas y la construcción colectiva, convirtiendo los
diferentes talleres en espacios de autoconstrucción para niños,
niñas y padres de familia. La estrategia logró incentivar la
participación de toda la comunidad educativa y vincular a
representantes de las entidades del gobierno local”. El marco
metodológico contó con 5 estrategias. La primera psicosocial, a
través de talleres, actividades lúdicas y lectura. La segunda se
focalizó en los padres de familia, desarrollándose talleres y
encuentros. La tercera estrategia se denominó dancística y
pretendía promover el movimiento en los niños y niñas y el manejo
armónico del cuerpo como parte importante de la autoestima y la
comunicación. Según Maira Pasmino, responsable de coordinar esta
estrategia, “la danza se convirtió en un pretexto para desarrollar
habilidades y capacidades para el desenvolvimiento personal y poder
actuar con mayor seguridad y para involucrarlos positivamente en los
procesos psicoafectivos”. La cuarta estrategia metodológica,
definida como interinstitucional, se conecta, de manera novedosa,
con el Artículo 50 de la Ley de Infancia y Adolescencia promulgada
en noviembre de 2006, que consagra el restablecimiento de los
derechos del niño o niña. Mediante esta estrategia los profesionales
estuvieron atentos a la identificación de los derechos vulnerados (o
a riesgo de estarlo) a los niños participantes en el proyecto. Para
el restablecimiento activaban una red interinstitucional de la cual
forman parte el PAB, ICBF, la UMATA y diversas instituciones del
sector privado. Estas acciones se realizaron independientemente de
que el problema identificado estuviera relacionado o no de manera
directa con los objetivos del proyecto. En igual sentido se realizó
un proceso de sensibilización y orientación a los docentes de las
escuelas.
La quinta y última
estrategia, la ambiental, articulada a las anteriores, propició una
sensibilización sobre el entorno natural en que vive el niño y su
incidencia en el mejoramiento de la calidad de vida. En este sentido
“se destaca la relación entre el cuidado del ambiente y el cuidado
del cuerpo, el desarrollo personal con el cuidado de la
naturaleza”. Esta estrategia también propició el diálogo
intergeneracional, tal y como se refleja en varios testimonios de
los niños: “mi abuelito me dice que antes salían unos venados en
este bosque, pero de un tiempo para acá ya no se les volvió a ver”,
“mi mami me contó que cuando ella era chiquita el río llevaba más
agua limpia y que a ella y a mis tíos les gustaba ir a nadar allá”
“la profe nos contó que antes había poquitas casas en Chachaguí,
había mucho espacio para ir a pasear, a jugar, pero ahora hay muchas
fincas y están con cercas por todos lado”.
Las acciones del proyecto
fortalecieron tanto física como pedagógicamente a las 10 escuelas
seleccionadas. Se mejoraron los espacios educativos, convirtiéndolos
en espacios en los cuales se garantizan los derechos de los niños y
niñas, según la psicóloga Esmeralda Vargas, “no solo el derecho a la
educación, sino al pleno desarrollo”. La implementación de
bibliotecas infantiles de literatura, la instalación de juegos
mecánicos y de aulas vivas (invernaderos) se constituyeron en
piezas claves para la riqueza metodológica que caracterizó el
desarrollo de esta iniciativa.
En el área psicosocial los
logros obtenidos son significativos. Por ejemplo, los profesionales
señalaron que al comenzar la intervención, “se encontró que en la
mayoría de los niños (85%) predominaba una calificación negativa
para sí mismos, lo cual se expresaba en la facilidad para recordar
las palabras de calificación como rótulos, sobrenombres o las
descalificaciones con las que eran llamados siempre. Al avanzar las
actividades el 90% de los niños y niñas tenían puntuaciones medias y
altas de su autoconcepo, igual porcentaje modificó sus hábitos
higiénicos y de aseo personal”.
Es de destacar la disminución
de manifestaciones de agresividad, ansiedad y tristeza, así como el
aumento en la capacidad de liderazgo y la adquisición de habilidades
relacionales, cambios en actitudes y cambios de comportamientos que
eran registradas de manera sistemática en una guía de observación
individual. Estos cambios fueron identificados por los maestros y
por los propios padres, algunos de los cuales expresaron: “Mi hijo
era muy nervioso, lloraba frecuentemente, ya no”, “Jaime era
nervioso, le daba miedo hablar no ve que criado en el campo,...
ahora está contento y más cariñoso con nosotros.”
En relación con los
resultados del trabajo con los padres, los espacios pedagógicos
permitieron la reflexión y la adquisición de herramientas para una
mejor relación con sus hijos, con resultados importantes a nivel de
prevención del maltrato infantil.
“Un aporte significativo de
esta propuesta está relacionado con la construcción de una mirada
comprensiva y más amplia sobre la situación de la infancia en al
región. De manera específica se logró avanzar en un mayor
conocimiento de educación rural y sus problemáticas”, tal y como lo
destacó el Observatorio sobre Infancia de la Universidad Nacional de
Colombia.
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Corporación Futuro Popular
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