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Con 300
módulos huecos de cemento, buscan recuperar corales en La Guajira |

Foto: Claudia Rubio / EL TIEMPO
Las esferas de cemento pesan hasta 600 kilos y miden cerca de un
metro de diámetro.
Esferas de hasta 600 kilogramos forman una barrera de un kilómetro
que ayudará a repoblar de peces la bahía del Cabo de la Vela.
Podría pensarse que estas inmensas bolas
grises le causan daño el medio ambiente en esta esquina del
departamento de La Guajira. Sin embargo, basta caminar unos metros
playa adentro para encontrar la explicación.
La presencia de las esferas es clave para
recuperar los arrecifes de coral, que en las últimas décadas fueron
arrasados por grandes barcos pesqueros que lesionaron la pesca
artesanal: ante la ausencia de corales los peces dejaron de
acercarse al área.
"La idea es simular un arrecife natural de entre tres y cuatro
kilómetros, y hundir las esferas que fabricamos aquí para que se
vayan poblando de diferentes especies que las colonizan: algas,
corales, estrellas de mar, crustáceos, etc.", afirma Diego Moreno,
un biólogo marino de 30 años que en el 2001 creó la Fundación
Terrazul en el Cabo de la Vela.
Allí, frente al mar, en la cabaña de madera que sirve como base de
investigaciones de la fundación, este bumangués explica que el
objetivo inicial ha sido darles a los cerca de 200 pescadores
locales una alternativa frente a la caza de las tortugas marinas,
unos animales a los que les toma 20 años llegar a la edad de
procrear.
"Antes había montañas de caparazones de
tortugas arrumados", cuenta Moreno.
Convencer a los indígenas wayúu de no cazar las tortugas no ha sido
fácil, pero ya se ven los frutos porque apenas un mes después de que
las bolas -que pesan entre 300 y 600 kilos- se depositan en el mar
se pueden observar 'matorrales' submarinos que atraen a pescados
como el pargo.
Reinaldo Echeyú, de 24 años, es uno de los pescadores que dejaron de
matar tortugas gracias a esta iniciativa. "Cambiamos la tortuga por
pescado. Si se vende bastante pescado no hay por qué perseguirlas",
afirma.
Con el proyecto, en el que trabajan el Fondo para la Acción
Ambiental, Corpoguajira, la Universidad de La Guajira y la Fundación
Reef Ball, de Estados Unidos, ya han sido hundidos unos 300 módulos
que cubren unos mil metros, a una distancia de un kilómetro y medio
de la orilla, según Álvaro Bermúdez, coordinador de logística de
Terrazul.
Él explica una ventaja adicional de este trabajo: "Los tiburones no
han atacado porque tienen comida abundante, pero si les hiciera
falta lo harían. Claro que eso nunca va a pasar con este proyecto".
Y después, que lleguen los buceadores
Luego de crear la barrera artificial de
arrecifes en el Cabo de la Vela, el objetivo de la Fundación
Terrazul es realizar un proyecto similar el año entrante, pero no
solo enfocado hacia la conservación del medio ambiente, sino
orientado hacia el turismo.
Para ello planean construir estructuras de entre dos y tres
toneladas con el fin de hundirlas en la Cueva del Diablo, un lugar
conocido por tener una muy buena visibilidad y una gran cantidad de
fauna marina. "Queremos construir una especie de corredor de 200 a
300 metros entre dos grupos de piedra coralina para que la gente
caretee y bucee a unos ocho metros de profundidad", dice Diego
Moreno, director general de la Fundación Terrazul.
Por: JUAN URIBE
REDACTOR DE EL TIEMPO
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